Hay días en que despierto y siento que todo esta bien. Hay días en los que despierto y siento que todo esta mal, este es uno de esos. Hoy me quedé en casa, para no salir. Creo que para auto compadecerme o bien para no sentirme estupido recorriendo calles.
La autocompasión puede sonar patética, pero es el anhelo más próximo a desear estar mejor, cuando siento que algo sucede y no pasa nada, la angustia , la decepción; y la peor: la incertidumbre de no lograr descubrir que se esconde en mi pecho, y me tiene con una sensación de intranquilidad soluta.
A medida que pasa el reloj, la intranquilidad se vuelve impaciente, buscando resolver un millón de sensaciones que antes no padecía, porque padecer es lo más próximo a esto que sucede. El reloj sigue corriendo y aún no logró sentir un grado de calma. Me acuesto, mirando el techo, y escuchando el Ángel de Sara McLahan, siento como la muerte en mi se aproxima, aquella deliciosa sensación que acoje mi pecho e invade un recoveco especial, que solo es interrumpido con el suave roce de una salada gota de agua que se desliza por mi mejilla. Estas sensaciones no son tranquilas y aún menos quietas como aquél vaso de agua que estaba sobre mi antiguo escritorio de niño y que no me atrevía a sacar , porque cuando me sentía solo, lo observaba buscando las repuesta de la vida.
Ahora mi cuerpo en contaste aturdimiento, se encuentra en un huracán de sentimientos encontrados, con la dulcedad a lo amargo y amargura a lo dulces recuerdos de atrás, buscando aun respuestas del ¿Por qué fue...? o de ¿Cómo fue...? y que rodean mi mente fundiéndose entre los miedos del ayer, los de hoy y mis típicas ansiedades, la maldita ansiedad de no saber porque muero dentro de mi, de si es por ella, por su recuerdo, o por su olor, por aquel aroma y perfume que me volvían locos cada vez que la sentía cerca, pero que hoy se los llevo el viento, con parte de mi y de mi vida.
Después de un rato he logrado comprender el porque me siento así, el porque quiero desfallecer rápido sin anestesiantes miradas y gestos de cariño que hacen debatirme entre la moral, mi orgullo y el amor que sentía por ella, es porque nunca logre despedirme de ella, de su mirada calida y de su sonrisa escondida.
sábado, 4 de agosto de 2007
..."despedidas"...
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