viernes, 21 de diciembre de 2007

"12 de Agosto".

Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo: “Te quiero”. Entonces me di cuenta de que era la primera vez que me lo decía, más aún: que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precise decirlo más, porque no es juego: es una esencia.

Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. “Hasta ahora no te lo había dicho”, murmuró, “no porque no te quisiera, sino porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé”. Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llegaba desde mi estomago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite ante el misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien siempre explica las cosas. “Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena maderas”. Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá el momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir.




"La Tregua" (Mario Benedetti)

lunes, 3 de diciembre de 2007

...::: Tú :::...

Hoy me senté nuevamente a pensar en vos. Los momentos difíciles ya se han ido con la niebla de esta mañana. Pero aún así, no puedo dejar de pensar en vos. El sentimiento no deja de ser vacío, de un silencio sepulcral dentro de mis sentimientos, pero se siente dulce. Es bueno cuando escribo las cosas, siento que puedo hablarte, pero sin mirarte a los ojos, ya que no podría dejarlos brillar con melancolía adversa, no soy tan brusco como para eso y lo sabes bien.
No puedo dejar de pensar en vos, pero aún así no quiero verte, te vi muchas veces mal, con la lluvia en tu mirar a flor de piel, pero eso te hizo fuerte, y te hizo pensar que en ese futuro distante estaba yo. La verdad ahora que tengo la oportunidad de mirarte, puedo decir que de verdad comprendo y siento lo que has vivido, tus ojos delatan mucha vivencia, a tu corta edad, y me siento bien cuando veo eso y te veo tan entero, sí entero, porque estas integro, conservas los mismo sentimientos y la misma forma de mirar de hace 6 años, y cada vez que te miro en el espejo siento que todo ha valido la pena y que no te cambiaría por nada.
Me gusta lo que veo cada vez que me levanto y observo esas miradas infinitas y momentos difíciles, porque el amor que llevas dentro es lo mejor que tienes, es tu pasión y aunque a veces pareces un idiota, orgulloso y soberbio romántico de la vida, eres quien yo soy y quién serás para el resto de tú vida y la mía.

Sabes, a pesa de todo, me gusta pensar en vos.


--DG--