Sentado frente al PC buscaba en el cielo las respuestas a aquellas interrogantes como si hubiera un mar dentro de mi habitación, buscando en su reflejo las letras para describir la situación.
De repente, entre mis dedos apareció ese pequeño calor entre ellos, miré hacia mi mano y vi el cigarrillo humeante consumiéndose con una calma y una quietud que me deleito profundamente.
Lo observe por largo rato, y encontré en él las respuestas que no encontraba, aquellas anheladas letras que dejaron lleno el vaso de mi alma esos son los sueños y verdades.
Sueños. Niños esperando la navidad para recibir aquel regalo deseado durante mas de 300 días; sueños que descansan en la calma de los océanos de la mente humana, océanos que se revuelven cuando el vaso del alma se llena y se mueve de un lugar a otro esperando desbordar los limites de la razón.
Verdades. El desborde del vaso del alma con aquello que nos quita la quietud de la mente y revuelve nuestras almas hasta decir basta y que desbordan alegría y nuevos sueños
esos son los sueños y verdades las consecuencias de una revuelta interna que trae consigo darse cuenta que los sueños son realizables, que lo realizable ya fue hecho y que el hecho de haberlo realizado proyecta la verdad de nuestros sentimientos y emociones.
viernes, 24 de agosto de 2007
Sueños y Verdad
sábado, 4 de agosto de 2007
..."despedidas"...
Hay días en que despierto y siento que todo esta bien. Hay días en los que despierto y siento que todo esta mal, este es uno de esos. Hoy me quedé en casa, para no salir. Creo que para auto compadecerme o bien para no sentirme estupido recorriendo calles.
La autocompasión puede sonar patética, pero es el anhelo más próximo a desear estar mejor, cuando siento que algo sucede y no pasa nada, la angustia , la decepción; y la peor: la incertidumbre de no lograr descubrir que se esconde en mi pecho, y me tiene con una sensación de intranquilidad soluta.
A medida que pasa el reloj, la intranquilidad se vuelve impaciente, buscando resolver un millón de sensaciones que antes no padecía, porque padecer es lo más próximo a esto que sucede. El reloj sigue corriendo y aún no logró sentir un grado de calma. Me acuesto, mirando el techo, y escuchando el Ángel de Sara McLahan, siento como la muerte en mi se aproxima, aquella deliciosa sensación que acoje mi pecho e invade un recoveco especial, que solo es interrumpido con el suave roce de una salada gota de agua que se desliza por mi mejilla. Estas sensaciones no son tranquilas y aún menos quietas como aquél vaso de agua que estaba sobre mi antiguo escritorio de niño y que no me atrevía a sacar , porque cuando me sentía solo, lo observaba buscando las repuesta de la vida.
Ahora mi cuerpo en contaste aturdimiento, se encuentra en un huracán de sentimientos encontrados, con la dulcedad a lo amargo y amargura a lo dulces recuerdos de atrás, buscando aun respuestas del ¿Por qué fue...? o de ¿Cómo fue...? y que rodean mi mente fundiéndose entre los miedos del ayer, los de hoy y mis típicas ansiedades, la maldita ansiedad de no saber porque muero dentro de mi, de si es por ella, por su recuerdo, o por su olor, por aquel aroma y perfume que me volvían locos cada vez que la sentía cerca, pero que hoy se los llevo el viento, con parte de mi y de mi vida.
Después de un rato he logrado comprender el porque me siento así, el porque quiero desfallecer rápido sin anestesiantes miradas y gestos de cariño que hacen debatirme entre la moral, mi orgullo y el amor que sentía por ella, es porque nunca logre despedirme de ella, de su mirada calida y de su sonrisa escondida.